viernes, 19 de noviembre de 2010

Al caer la tarde

Las tardes tan cortas ahora, me pesan, me caigo en un fondo insondable, lleno de remolinos que agitan en mi estómago los presagios oscuros que sedimentan mi ser.
En verano cuando la luz se va marchitando despacio, también siento como una pena infinita que abraza al mundo, como si yo portase todas las tristezas de todos los tristes.
Por eso he decidido no estar nunca en casa cuando caiga la tarde.
Ayer fui a la biblioteca a merodear por los estantes y me encontré a la madre de R.
R era un chico al que yo daba clases particulares hace muchos años porque estaba inválido en una silla de ruedas, con una de esas enfermedades degenerativas que le iban impidiendo coger el bolígrafo con destreza,era un chico inteligente y lleno de interés.  Años después le vi  de lejos en su silla eléctrica con un respirador artificial . No sé si está vivo o muerto, no sé si su madre, mujer siempre amable y cariñosa conmigo me habrá reconocido, pero yo no tuve el valor de acercarme a saludar. Tuve miedo a sus respuestas y me sentí cobarde. Presiento que mi inacción, cada vez mayor, es la causa por la que me hundo en mi propio agujero.

5 comentarios:

Sirena Varada dijo...

Mi apreciada Madelen, domestiquemos las tardes de invierno, hagamos de su pasar una dócil aceptación de la melancolía, como parte de la vida... Hagamos una búsqueda incesante de todo aquello que nos da vida.

Sé que te van a gustar estos versos: (son de Josefina Soria)

Sirena Varada dijo...

Vaya!, no sé si ha entrado, éste es el poema:

Se llenarán los árboles
de hojas y de pájaros.
Vendrá la primavera
con sus voces de trinos y savia.
Nosotros miraremos
absortos el paisaje,
sin ninguna prisa:
que ya seremos dueños de las horas.
Cuando nada pregone
la bulliciosa sangre
el tiempo será nuestro.
Nos dejarán estar
verdaderos y profundos
y no nos dolerá
que grite la arboleda,
que el astro sea hielo,
que yazga derramado
el nido de las águilas.
Sobrevendrán resueltos
los espacios inmensos,
los nuncas, los mañanas.

madelen dijo...

Gracias Sirena que a mi acudes como una visión de náufrago a veces demasiado ansioso para esperar la primavera,pero sobrevendrán resueltos los espacios inmensos,los nuncas, los mañanas.
Qué hermosa poesia que consigue aunar la aceptación con la esperanza. Esa es una verdadera sabiduria.

Juan Serrano dijo...

Parece una anomalía. Si las tardes son cortas y breves, su peso, digo yo, será liviano. Y ahora entiendo: no es la tarde la que pesa, es la ausencia de luz, el ocaso y su destino. Y ese huir en vano es una quimera: ese chico de ayer y la invalidez de su tristeza es nuestro propio miedo, su enfermedad, la nuestra, el "agujero" que nos ciega.

madelen dijo...

Algo de huida hay, sin duda, como cuando el dentista acerca el torno y apartas la cabeza dudando siempre de la infalibilidad de la anestesia